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Simplemente no es lo mismo

     A continuacion, tenemos el placer de publicar la traduccion de un excelente articulo del Gran Maestro Frank DeMaria. Donde habla sobre la manera que tenian las escuelas de entrenar y compara con las actuales. Lo maravilloso es que a pesar de hablar de Nueva York todo se parece mucho a nuestra realidad, por ello nuestro gran Maestro pidio la autorización para publicar el articulo en esta web.
Perdonad si la traduccion tiene algun fallo, de todas manera animamos a ver este articulo y otros de gran valor en la web del Centro Americano de Estudios Chinos, que se encuentra en la sección de enlaces.


Simplemente no es lo mismo
(titulo original :It's Just Not the Same)


 Cuando empecé  a entrenar, hace años, era un ambiente totalmente diferente de lo que es hoy en día. El tipo de personas que se incorporaban a una escuela tenía una actitud y perspectiva muy diferentes de los estudiantes que se unen las artes marciales en la actualidad. Sólo había una razón, por la que una persona se unía a  una escuela de artes marciales en ese entonces, y era simplemente para aprender a pelear. No había ninguna otra razón que yo sepa en ese momento.
  Estas personas eran niños  de la calle, los niños que tuvieron que enfrentar las duras calles de la ciudad de Nueva York todos los días. Cada uno de ellos se endureció por el abuso de la calle, lucha tras lucha,  terminando sus traseros pateados casi a diario.

  Se apuntaban a las escuelas de artes marciales para igualar el marcador. Ellos aprendían y  practicaban, y más que eso, luchaban entre sí en cada clase, a menudo volvían a casa ensangrentados de los combates dentro  del Gwan. Este tipo de entrenamiento era muy similar de escuela a escuela dentro de la ciudad.

Si te atrevías a ir a otra escuela y ellos sabían o siquiera sospechaban que eras de otra escuela, el reto estaba en marcha. "Oye, ¿quieres intercambiar algunos golpes conmigo?" Era la pregunta habitual. Por supuesto, no existía rehusarse, así que finalmente, terminabas otra vez,  con una nueva lesión que curar antes de la próxima clase.

 En esos tempranos años las reglas de combate eran muy diferentes a las de hoy. De hecho, había pocas reglas y variaban de escuela a escuela.  Poco sabía yo que en el futuro seria una de las personas que ayudaría a establecer reglas oficiales de combate para todos los torneos en este país, pero esa es otra parte de esta historia.
  En ese momento las reglas en los EE.UU.  eran casi las mismas que se encontraban en Asia.  La pelea era una parte importante del proceso de aprendizaje y por buena razón. Las artes eran para aprender a pelear, por lo que la única manera de hacerlo era a pelear y eso es lo que la mayoría de escuelas hacían al final de cada clase.
 
En mi Gwan nos ponían en parejas y peleábamos hasta que el Maestro decía que era suficiente. Sólo entonces nos saludábamos para salir y volver a casa. Sí, todo el mundo estaba asustado y se podía ver el miedo en sus rostros, a sabiendas de que tenían que emparejarse y correr el riesgo de otra lesión." Pero el Maestro decía siempre: "No te preocupes, te prometo que no vas a morir." No sé por qué, esto no daba consuelo a nadie, pero lo hacía, por lo que te enfrentabas a tu nuevo retador y comenzabas a moverte y patear. Sin embargo el Maestro tenía razón, yo no he muerto, de hecho mientras más peleaba con más confianza me sentía, de ser capaz controlarme a mi mismo.
 
Los primeros torneos

  Los torneos  que vemos hoy no existían en la ciudad de Nueva York en mis tempranos días.  Teníamos lo que llamábamos competencias ínter-escuelas. Una escuela desafiaba a otra, entonces, o bien íbamos a su escuela o venían a la nuestra y todos  veíamos quién tenía el mejor Kung Fu. Esas competencias realmente, no eran más que peleas duras, y como el nombre de cada escuela estaba en juego, todos peleaban como demonios.

 Cuando los torneos finalmente comenzaban a desenvolverse, nadie tenía ni idea de en que pelea se habían  metido. Imagine unos pocos miles de combatientes se unen bajo un mismo techo sin reglas de compromiso real.  Lo único que sabíamos era que teníamos que golpear al oponente, noquearlo o tumbarlo de cualquier manera posible. Y eso fue precisamente lo que hicimos.
 Pero, como te puedes imaginar, fue un sangriento desastre. Se arrancaron orejas y se sacaron ojos, se partieron ingles y los huesos se rompieron en lugares que no sabíamos que tenían huesos.

 El primer torneo "organizado" que recuerdo, se celebró en el Felt Forum que es una parte del Madison Square Garden. El Maestro Aaron Banks patrocinó el evento, pero las cosas rápidamente salieron fuera de su control y pronto estaba llamando a las ambulancias. Peleas comenzaron a estallar entre las escuelas y los jueces. Se puso tan mal que finalmente tuvieron que llamar a la policía de Nueva York (NYPD).
  Cuando la policía llegó, quedaron en shock al ver que se enfrentaban a más de mil artistas marciales furiosos, todos queriendo atacar a alguien- a cualquiera. Todas las escuelas estaban ahora  midiéndose unos contra otros, listos para ir a por ello. Finalmente, el Maestro Banks recuperó el control apelando a los profesores de cada escuela. Eventualmente todo se fue calmando y la Policía se alegró de irse.

 Ese pleito hizo a los  artistas marciales comprender que era realmente necesario un orden. Fue entonces cuando la ICMA (Convención Internacional de las Artes Marciales) fue organizada para resolver finalmente cuáles debían ser las reglas para los torneos. Tuvimos que cambiar nuestras formas y crear reglas o correr el riesgo de se prohíba cualquier torneo en la ciudad.
 Como he dicho antes, y me siento orgulloso de decir ahora, yo fuí un miembro de la Junta de Directores que ayudaron a aclarar y estandarizar las reglas de los torneos de combate.  Hasta la fecha, estas mismas normas, o algunas variaciones de ellos todavía se utilizan.  Las reglas que se establecieron en ese entonces han ayudado mucho a reducir las lesiones graves.  Así, la nueva era de torneos de lucha en los EE.UU. había comenzado.

Las escuelas de hoy son diferentes
 

  Hoy, los estudiantes no vienen a las escuelas sólo para aprender a pelear. Están allí por  un gran número de razones; salud, defensa personal, ejercicio, disciplina, curiosidad, diversión y hasta para que cuiden de sus niños. Tiene hombres, mujeres y niños que se unen las escuelas de todo el país. Ha cambiado tanto que la mayoría de la gente de hoy ni siquiera se preocupan por la parte de combate de las artes. Muchos simplemente disfrutan de un buen ejercicio y la camaradería de sus compañeros de clase.
 Además, existe el temor de denuncias contra las escuelas y los profesores, algo que nunca escuche, o incluso jamás hubiese soñado en mis tempranos días de entrenamiento.

La gente simplemente no quiere hacerse daño por ninguna razón y, si se lastima, van a por  la escuela. Por ello, en la actualidad las escuelas simplemente no enseñan de la manera  que antes por temor a ser demandados. Hoy en día, cuando los estudiantes pelean van acolchados hasta los puños y en algunos casos hasta tienen que someterse a un examen médico antes de poder luchar. Yo nunca había oído hablar de esas cosas en mis días. Podías estar medio muerto y todavía tenias que salir a pelear.
" Mis alumnos mayores suelen decir a los más jóvenes, "Shrfu, no es contigo ni de cerca lo duro que era nosotros. Solíamos pelear todo el tiempo." Tienen razón, ya no soy tan duro. He templado mi manera de enseñar como la mayoría de los otros maestros han hecho.
 
En los viejos tiempos, si te lesionabas, sólo te hacia más fuerte y con ganas de hacerlo mejor la próxima vez. Si eras golpeado, se consideraba tu propio fallo. Sólo podías  culparte a ti mismo, porque significaba que tu defensa no era lo suficientemente buena. Fracturas de huesos, dientes, manos, codos, dedos de los pies,  costillas – nombra un hueso y alguien se lo había roto. Las lesiones eran algo esperado durante a lo largo de la formación, por supuesto, todos hacíamos nuestro mejor esfuerzo evitar ser heridos. Algunos lo consiguieron más que otros.

 En los viejos días de torneos, si mirabas a tu alrededor a todos los concursantes, siempre veías a uno y otro con vendajes o esparadrapos de alguna lesión anterior. Y allí estaban,  entrando en otro combate. Fue un reto personal, por el que todos atravesamos. “Presiona , presiona presiona! ¡Nunca te rindas! ¡Intenta, intenta intenta! ( original: "Push, Push, Push! Never give up! Try, Try, Try!") fue el mantra que usamos.

  Lo que enseñan los combates

La idea detrás de los combates no era sólo ganar, sino más bien solo intentarlo, tirar abajo tus miedos, y probarte a ti mismo que tienes las agallas para hacer frente a obstáculos que aparentemente te superan y aún intentarlo de todos modos.  Se suponía que te hacía más fuerte y precisamente fue lo que hizo.

 Las mariposas desaparecieron después de un tiempo y la lucha se convirtió en un asunto cotidiano. Te enfrentabas a cualquier persona, sin importar qué nivel de habilidad tenían, saltabas de cabeza, luchando con el máximo esfuerzo y siempre tratando de hacerlo lo mejor posible. No hubo perdedores en enfrentamientos, como estos. Nadie perdió. Ambos combatientes ganaron en auto-confianza y experiencia. Ambos combatientes aprendieron el arte de ganar y perder con honor y dignidad, porque un gran esfuerzo se puso en la batalla. Nosotros dimos todo lo que teníamos.

 Pelear puede sacar lo mejor o lo peor en todos. Nosotros, como artistas marciales, siempre intentamos dar lo mejor que tenemos y no sacar lo peor.  No fuimos a la caza de trofeos, como muchas escuelas hacen hoy, lo que importaba era el desafío a nuestras capacidades y temperamento que estaba siendo probado y refinado.

 Lo que se estaba probando, era como uno se enfrentaba a sus propios miedos y ego. Las personas que podían manejar el ganar sin crear un falso ego gigante, eran verdaderos ganadores.  Los perdedores que podían manejar la derrota sin insultar y aprendiendo de ella, se ubicaban muy por delante, en el juego del crecimiento interior y dominio de sí mismo (original: self-mastery).

 Aunque los jueces intentaban ser lo más justos posible en los torneos, la naturaleza humana intervenía en algunas ocasiones.  A menudo había algún tipo de favoritismo hacia estilos y participantes. Todo el mundo tenía sus favoritos y en ocasiones se vio reflejado en las puntuaciones. Había que aprender a lidiar con esta realidad, porque se trataba de una parte del proceso de auto-desarrollo. Se aprende que nada en la vida es perfectamente justo y que uno tiene que aprender a manejar lo. Dejar de llorar superarlo e ir a por ello, ésta fue la actitud.

 El público a menudo abucheaba a competidores que fueran malos perdedores o demasiado egocéntricos cuando ganaban una contienda. Estos rasgos de actitud no pertenecen a las artes guerreras. Si un participante ganaba ofrecía dar su trofeo a su Maestro como un gesto de agradecimiento a él por el conocimiento que había impartido y que le permitió ganar. Es por eso que a menudo puedes ver las escuelas de artes marciales con numerosos trofeos en sus vitrinas. Provienen de estudiantes que donan su trofeos y premios a su Maestro y la escuela.

 Una vez que las actitudes correctas se logran, que el temor se ha ido, que se ha encontrado confianza en sí mismo, entonces, los torneos y combates han terminado. . Este es el objetivo principal de las competiciones y torneos. Una vez que se logran estos objetivos, los torneos ya no son necesarios y se puede avanzar al siguiente nivel de formación.

El combate no es para todos
 
En estos días, cuando le pregunto a mis estudiantes, "OK, ¿quien quiere pelear esta noche?". No muchos de ellos responden el llamado.  Aquellos que dan el paso adelante  , tiene la oportunidad de enfrentarse a sus miedos y conquistarlos. Pero no es para todos. Es para aquellos pocos que aún piensan que es en el fragor de la batalla donde nuestro carácter se refina. Sólo probando el gusto de nuestra propia sangre, podemos liberarnos realmente del temor.
 No, no es un espectáculo agradable ver a dos personas combatir. Es arriesgado y brutal a veces, pero sin estos elementos los cambios dentro de ti no tendrían lugar. Es una medicina difícil de tragar, pero es uno de los métodos más rápidos que tendrás jamás  en el aprendizaje de este arte.  Unos cuantos años de combates de torneo te enseñará más que 100 años de limitarse a hablar de combate.

 No estoy diciendo que aquellos que eligen no pelear no van a obtener nada de su entrenamiento. Todos conseguimos algo, pero ese algo es diferente para cada uno de nosotros.  Mientras permanezcas centrado en lo que está buscando en las artes marciales, siendo realista, cuando lo encuentres, nunca te sentirás decepcionado.
 Para aquellas personas que evitan el aspecto de lucha de este arte, todo lo que puedo decir es que está bien, siempre que nunca tengan que ponerse a prueba ante nadie. . Mi consejo para aquellos estudiantes que no luchan es este: nunca pongan su arte a prueba,  a menos que estén dispuesto a ponerse a prueba a si mismos en primer lugar. Esto no quiere decir que solo los combatientes puede aprender este arte, todos podemos.  Simplemente se realista acerca de tus capacidades y tus limitaciones.
 De esta manera todos podemos tener lo que queremos de este arte, sin falsas expectativas, así es como debe ser
.

 

Gran Maestro Frank DeMaria

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